El autor (ese gran desconocido)
Santiago Eximeno nació una tranquila mañana de mayo de mil novecientos setenta y tres, y los astros quisieron que fuera géminis. ¿Hasta que punto aquéllo influyó en sus pautas actuales de comportamiento? Nadie puede precisarlo con exactitud.
Tras comprender que sus padres no eran millonarios y que no heredaría ninguna fortuna ni de ellos ni de otros familiares, cercanos o lejanos, emprendió uno de los caminos más difíciles que un hombre debe tomar: trabajar para ganarse el pan. Así llegó al mundo de la informática, y en particular a cierta empresa que no deja de bajar sus tarifas, y allí sigue a la espera de que algo cambie en su vida.
Llevado por un evidentemente exacerbado sentido del egocentrismo, registró su apellido como dominio -en fin, tampoco es que existan muchos otros Eximenos por allí- y se dedicó a la ardua pero gratificante tarea de compartir su creativa existencia con los demás.